viernes, 25 de noviembre de 2011

Paulo Freire - Cartas a quien pretende enseñar

Universidad Autónoma de Entre Ríos

Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales


Materia: Seminario de la Práctica Docente II

Carrera: Profesorado en Inglés

Alumno: Cristhian Bourlot











Introducción

El hecho de proponer un perfil de la educadora o educador entrerriano, trae aparejado muchas dificultades. Primero y principal, es que supone una concepción regional, circunscribiendo el rol de los educadores y educadoras a un contexto determinado. Segundo, más allá que la noción moderna de lo universal, que más tarde se describiera simplemente como una posición hegemónica de un determinado pensamiento surgido en las entrañas del mundo helénico; rescato que hay ciertas ventajas, para el mundo globalizado y globalizante de hoy día, en entender que debemos trazar determinados valores universales, y no caer en la segmentación y la consecuente alienación de las culturas en lugar de formar un todo integrador.
Paulo Freire, en este sentido, trabaja sobre un supuesto que es la práctica, y esta práctica está condicionada, aunque no determinada, por el contexto donde se ejerce. Paulo Freire es quizá uno de los precursores de lo que algunos filósofos denominan el “pensamiento situado”. Un pensamiento situado busca legitimarse en su contexto y distinguirse de los pensamientos dominantes (como lo son el pensamiento europeo o norteamericano).
Es clara la posición de Freire en su construcción del perfil del educador y la educadora. Desde el lenguaje mismo busca romper con los paradigmas vigentes y establecer una sociedad más justa. Para ello apela a valores que, si bien están presentes en las sociedades capitalistas (solidaridad, humildad, amorosidad, paciencia, etc), en las sociedades de libre mercado se han reemplazado por otros como competitividad, productividad, ganancia. Es un hecho que no podemos dejar de tener presente. El modelo que presenta Paulo Freire, es poco pragmático en una sociedad consumista. Freire fue un lector del marxismo y a la vez, aunque no parezca lógico, un abiertamente declarado creyente. A diferencia de los marxistas tradicionales, Freire no creía en la revolución armada, sino en un proceso de transición donde ambos, oprimido y opresores, se daban cuenta de que eran prisioneros de un discurso histórico que los atravesaba a ambos. Recuero una frase muy interesante, “en la consciencia del oprimido, vive la consciencia del opresor”; qué bien describe esa frase a los gobiernos comunistas que tomaron el poder en Rusia o Cuba. De ser explotados (por EEUU en Cuba o por los Zares en Rusia) pasaron a ser explotadores de su propio pueblo.
Es interesante como Freire se apropia del juego dialéctico, quizá a través del marxismo, y constituye una parte fundamental en la construcción de su discurso. Freire no habla del enfrentamiento y la victoria de cualquiera de los pares que nos presenta (paciencia-impaciencia; oprimido-opresor), nos habla más bien de una vida que se gesta a medio camino de estos pares, nunca propone una victoria, más bien un continuum que se mueve progresivamente hacia adelante.
Dar con un perfil, entonces, del educador y la educadora entrerriana, creo también debe tomar parte de aquello que es universal. Dichas características aparecen numeradas en la carta cuatro de Freire. Pero también hay otros aspectos políticos y formas de comprender el mundo, que tienen corte universal, y no necesariamente regional. El espíritu crítico, en tanto de lectura del mundo y de los textos, es una condición clave para abordar desde lo científico la educación. Los científicos siempre han pregonado el escepticismo como valor fundamental en la búsqueda de la verdad. La razón crítica (en el sentido de la razón que aprecia), es analítica, deconstrutora y cuestionadora. De este modo, abordo los textos de Freire con la criticidad necesaria para apropiarme del texto y ver cómo me ayuda a establecer un perfil para las educadoras y educadores entrerrianos, de su relación con sus educandos, entre ellos mismos y con el mundo.

Desarrollo

Relación del docente consigo mismo

Hay una historia que ilustra muy bien este punto. Lo hace de forma muy poética, usando adjetivos que hacen de una situación incómoda algo grotesco. Me provoca gracia, porque creo esa es la intención de Freire, ironizar la situación dotándola de un subjetivismo extremo.

“Me recuerdo a mí mismo, adolescente, y lo mal que me hacía presenciar la falta de respeto por sí mismo que uno de nuestros profesores revelaba al ser objeto de burlas de gran parte de los alumnos sin mostrar la menor capacidad para imponer orden. Su clase era la segunda de la mañana y él entraba ya vencido en el salón donde la maldad de algunos adolescentes lo esperaba para fustigarlo, para maltratarlo. Al terminar su remedo de clase, no podía dar la espalda al grupo y encaminarse hacia la puerta. La gritería estrepitosa caería sobre él, pesada y áspera, y eso debía congelarlo. Desde el rincón del salón donde yo me sentaba lo veía pálido, disminuido, retrocediendo hasta la puerta. Abriéndola rápidamente, desaparecía envuelto en su insoportable debilidad.” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

Es cierto. Nadie que se digne de querer enseñar puede entrar en estas condiciones a trabajar. Es una completa negación del ser. Algunos lo conocen como amor propio, orgullo, autoridad, miles de nombre tiene. Esta situación extrema hace referencia no a una actitud, sino a la completa ausencia de la misma. Un ente, que ocupa un espacio y un tiempo, pero nada más. Es por ello que se requiere, que el docente tenga autoridad, sin llegar al autoritarismo, que es la exaltación del ser, el otro extremo. Para ello, un docente debe estar capacitado, confiado en el conocimiento que posee, en los métodos y en la “lectura” de la realidad y saber operar sobre ella. No debe, ante nada, paralizarse por el miedo. Miedo de los alumnos, miedo de la sociedad, miedo de la realidad. El miedo juega un papel clave, porque si no lo controlamos, corremos el riesgo que nos controle a nosotros.

Relación del docente con sus colegas

Freire no se explaya mucho en este punto, a diferencia de las anécdotas y definiciones que establece en relación a otros puntos. Fundamentalmente habla de la relación profesional que se debe dar, del diálogo, muy propio de su teoría (dialogal) que debe darse entre los pares docentes. Habla de la colaboración mutua, tanto en temas de conocimiento como de trabajo en una institución. Al referirse a las observaciones que los docentes deben hacer de sus clases y trabajos posteriores, dice:

“Cada quince días se haría una especie de seminario de evaluación con ciertas conclusiones que deberían ser profundizadas y puestas en práctica.
Si cuatro maestras de una misma escuela consiguiesen hacer un trabajo como éste en sus clases, podemos imaginar lo que se obtendría en materia de crecimiento en todos los sentidos entre los alumnos y las maestras.” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

Parece más una crítica que una sugerencia. Sin embargo, de esta forma plantea la necesidad del trabajo colaborativo, en equipo. Esta cita habla de la necesidad de reunirse y discutir las formas en que se observa el aprendizaje y la realidad institucional.
Si bien no habla de la relación entre docentes cuando refiere a la capacitación y al grado de profesionalismo que debe tener todo educador, puede inferirse que un educador bien formado, un profesional de la educación, se relaciona de manera sustancialmente diferente con sus pares que si no fuera un profesional. Esto hablaría de una relación más formal y de trabajo profesional.

Actitudes en relación con sus alumnos

Creo este es el punto en el que más se extiende y es recurrente en varios capítulos. Primero, un docente debe conocer el contexto de sus alumnos y proponerse metas para mejorar la condición de los mismos. Un educador no se debe entregar a la tarea de cumplir su horario. Si tiene un contexto desfavorable, debe hacer todo lo humanamente posible para transformarlo.

“…nuestras relaciones con los educandos, a la vez que nos exigen respeto hacia ellos nos imponen igualmente el conocimiento de las condiciones concretas de su contexto, que los condiciona.” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

Un educador o educadora debe embarcarse objetivamente en el análisis del contexto y proceder con entendimiento. Es necesario el afecto o las cualidades enunciadas en la cuarta carta como la amorosidad, la humildad, la valentía; pero también se necesita proceder profesionalmente. El docente debe entablar un dialogo no solamente desde lo vertical “hablarle al alumno”, sino que también debe establecer un dialogo horizontal “hablar con el alumno”, conocer sus condiciones, hacerse eco de sus carencias y operar sobre ello. Debe proveerlos con las herramientas que el mismo maestro a veces encuentra difícil de usar, como enciclopedias, diccionarios, en la ardua tarea de enseñar el lenguaje escrito y los contenidos. Hoy día, podemos decir que el avance de la tecnología hace que los chicos manipulen herramientas como diccionarios electrónicos, enciclopedias digitales. Aún así, siguen siendo herramientas, el soporte primordial lo dará el maestro quien lo guiará en el proceso de la enseñanza.

Actitudes en relación con la institución educativa

La relación de los educadores y educadoras está claramente ejemplificada en una pregunta que uno de los estudiantes hace a Freire en una de sus charlas:

“Paulo ¿qué piensas tú de una maestra que pone a un alumno de pie ‘oliendo’ la pared, aun cuando éste haya hecho una cosa equivocada, como reconozco que hizo?”
Y yo le respondí, “creo que la maestra se equivocó”.
“¿Qué harías tú si vieses a una maestra haciendo eso?”
“Espero que tú y tus compañeros – respondí yo – no supongan que yo debo hacer lo mismo con la maestra. Eso sería un absurdo que yo jamás cometería. Invitaría a la maestra para que al día siguiente fuese a mi oficina, junto con la directora de la escuela, la coordinadora pedagógica y alguien más que fuese responsable por la formación permanente de las maestras. En mi plática con ella le pediría que me demostrase que su comportamiento era correcto desde el punto de vista pedagógico, científico, humano y político. En caso de que ella no lo pudiese probar – lo que resulta evidente – le haría entonces una exhortación, luego de pedir a la directora de la escuela su opinión respecto a la maestra en falta, para que no repitiese el error.” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

El texto prosigue con uno de los estudiantes preguntando qué ocurriría si la maestra reincide en su conducta, a lo que Freire contesta “aplicaría la ley con rigor.”
Esto habla a las claras del marco legal de las instituciones en las que los educadores y educadoras se desenvuelven. Prima el diálogo y el debate, pero agotado este camino, se debe proceder con la ley. También, refiere en otras partes del texto a que los educadores y educadoras tratan con personas, y no puede estar permitido todo tipo de abusos solamente por estar en una situación de “poder”, como claramente lo están los docentes frente al aula.
También refiere a que la institución no es propiedad de los docentes y directivos, también la componen sus alumnos y demás trabajadores, hasta la cocinera. Una institución es una compleja trama de actores que deben convivir en un marco de respeto respetando normativas que hagan que la convivencia sea placentera para todos y todas.

Actitudes en relación con los padres de los alumnos

Sobre la relación de los educadores con los padres, establece el diálogo, el entendimiento. Escucharlos en sus demandas, pero no cediendo siempre a lo que proponen. Tiene una visión educadora para con los padres, tratando de convencerlos de que hay otras formas distintas de educar diferente a la que ellos pudieron conocer. Debe primar el entendimiento, el diálogo y explicarle de las alternativas que existen para educar a los niños, desde las distintas formas de disciplina a la forma de aprender.
En relación a la disciplina, el castigo y formas de “corregir” a los alumnos, Freire cuenta la siguiente anécdota:

“Me acuerdo de una conversación que tuve en particular con una madre angustiada. Me habló de su niño de diez años al que consideraba “imposible”, “pendenciero”, desobediente, “diabólico”, insoportable. “La única salida que me queda es amarrarlo al tronco de un árbol en el fondo de la casa”, concluyó con cara de quien estaba atando al niño en aquel instante. Y yo le dije:
“¿Por qué no cambia usted un poco su forma de castigar?” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

La historia continúa y Freire da consejos a la madre para que desista de tal práctica. Con el tiempo parece lograrlo.
Hay que notar aquí un punto importante en la anécdota. Freire no se horroriza con lo que le cuenta la madre, lo toma como algo, aunque poco cristiano, totalmente naturalizado en las zonas donde trabajaba. Me llama poderosamente la atención porque Freire apuesta al diálogo y a la enseñanza, en este caso de la madre. Normalmente, si un chico llega golpeado a la escuela o hay signos de violencia, la maestra tiene el deber de hacer la denuncia, o así nos han instruido en la parte legal, cuando hay evidencia de una violación a los derechos del niño. Sin embargo, rescato la apuesta al diálogo, aunque hay que analizar exhaustivamente caso por caso, el maltrato infantil dista mucho de ser una anécdota sencilla de escuchar.
Otra referencia que hace sobre el diálogo y participación que tienen los padres refiere a la forma de enseñar:

“Ahora tengo en la memoria la cara de espanto, de sorpresa, de interés, de curiosidad de la enorme mayoría de esas madres y padres de todas las escuelas que manteníamos cuando les pedí, durante las sesiones de nuestros círculos de padres y maestros, que me dijesen si conocían algún niño que hubiese aprendido a hablar diciendo F, L, M.” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

En este caso la discusión provenía de cómo había que enseñar a leer a los niños. Evidentemente los padres reclamaban la vieja usanza de aprender el abecedario primero. Freire, se esmera en explicarles la forma que se aprende el lenguaje. Más específicamente podemos hablar de la “adquisición” del lenguaje a través de las palabras. Freire menciona “frases monopalábricas” (los que aprendemos inglés las conocemos como “palabras holofrásticas”-palabras que refieren a oraciones enteras), que es un primer estadio en la adquisición del lenguaje.
Estas dos anécdotas nos dejan una enseñanza: el diálogo. Freire propone una actitud para el diálogo con los padres, explicarles, ya que ellos también sufren y están ansiosos por lo que es mejor para sus chicos, al menos aquellos que concurren a la escuela para participar de las reuniones. Freire nos invita a hablarles, a conversar, aconsejarlos si es necesario, como el pasaje en el que narra sobre una vivencia de la maestra Madalena F. Weffort que se dirigía a una abuela en lo que refería a si aceptaban o no a su nieta en la escuela:

“No creo que haya problema en relación con la cuota. Sin embargo, tengo una exigencia para poder aceptar a Carlinha en la escuela: que me llegue aquí limpia, cambiada y con un mínimo de ropa.” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

El diálogo no quiere decir aceptar todo lo que los padres propongan. A veces se necesita ser enérgicos y exigir de los padres ciertas cuestiones que hacen mejorar el proceso educativo.

En relación con la sociedad civil y política

El docente debe participar activamente y críticamente de la realidad del contexto en el que opera. Freire no solamente sugiere que el docente pueda tener injerencia en aspectos políticos. El docente es el primer político frente a sus alumnos. Educa a sus ciudadanos y los acerca al conocimiento con el cual van a operar en la sociedad. Podría decirse que en el aula, el docente está en un microcosmos que representa una muestra del todo. Eso lo convierte en un actor estratégico a la hora de establecer políticas de acción que estén orientadas a transformar lo social.

“Como educadoras y educadores somos políticos, hacemos política al hacer educación. Y si soñamos con la democracia debemos luchar día y noche por una escuela en la que hablemos a los educandos y con los educandos, para que escuchándolos podamos también ser oídos por ellos.” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

Ciertamente, la forma de lograr que los alumnos aprendan lo que tenemos para darles, o presentarles, si algún valor tiene, es ganarnos su confianza mediante un diálogo sincero, sin subirnos al atril y pregonar la palabra de la diosa razón como un profeta cuenta historias. Debemos convencer, y quizá este acto, el del convencimiento, requiera el compromiso de estar con ese otro ser que no es un objeto, es un ser humano que siente, que tiene necesidades, que tiene ilusiones y también miedos. En este contexto, el docente ocupa un rol esencial en la sociedad para transmitir valores, conocimientos; y no sólo transmitirlos, elaborarlos con los alumnos, resignificarlos, expandirlos y transformarlos.
Cuando se refiere a las formas en que se debe “leer” el mundo, Freire menciona el espíritu crítico que debe estar presente en los docentes, no sólo para leer los textos sino para interpretar el mundo a partir de ellos y fuera de ellos (los textos) como una forma de transformar lo que se conoce.

“Al estudio crítico corresponde una enseñanza igualmente crítica que necesariamente requiere una forma crítica de comprender y de realizar la lectura de la palabra la lectura del mundo, la lectura del texto y la lectura del contexto.” (Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar)

Conclusión

Teniendo en cuenta todas estas características, podemos decir que el perfil del maestro entrerriano podría ser similar. Hay salvedades que deben ser marcadas. Principalmente, el contexto de las fabelas de Brasil, no condice con la realidad de Entre Ríos. No quiero decir con esto que no haya familias carenciadas, sólo que no es comparable con el contexto de las fabelas. La creciente urbanización trae aparejado fenómenos como las villas miserias que son formados por gente que busca los centros de desarrollo para buscar trabajo. Poco a poco se originan focos de hacinamiento. Creo en Entre Ríos no hay tales focos con excepción de ciertas malas políticas, como la de Concordia en la cual se “transplantaron”, por usar un término británico cuando se mueven personas, villas de otras zonas del país. Estos fenómenos demográficos deben ser manejados con mucho cuidado, porque pueden producir un daño enorme al desarrollo de las poblaciones. Dejando esto de lado, creo que lo que propone Freire –la defensa de la escuela popular y pública – coincide con la histórica trayectoria del sistema educativo argentino que ha sido y creo seguirá siendo público. En un sistema público debe garantizarse el acceso a la educación y los docentes deben estar formados acorde a las necesidades de la profesión, todo esto lo recalca Freire al hacer un análisis de las razones por la cual las docentes estudian magisterio. Coincido plenamente con la idea de que el docente debe tener un activo rol político, formando ciudadanos críticos y comprometidos con su realidad, sin que esto lo lleve a caer en la mezquindad partidaria, sectaria por excelencia. De la relación entre educadores y alumnos, rescato el diálogo, aunque no coincido con la apertura de “confesar” nuestros miedos; sí apoyo la idea de que como profesionales debemos tener honestidad intelectual y reconocer nuestra ignorancia de ciertos temas, ya que esto se puede corregir haciendo una lectura posterior y cumplir con las dudas de los educandos en clases posteriores. En lo concerniente a la institución, creo que hay normativas que deben ser respetadas. Personalmente no me agrada la familiaridad en lo educativo, creo en la necesidad de que haya directivos respetuosos de las instituciones, que recuerden periódicamente a los docentes de sus derechos y deberes el marco legislativo vigente.
Como comentario final, deseo resaltar ciertos conceptos “Freirianos” que me han sido útiles. Primero su insistencia en el diálogo, a y con los alumnos y docentes. Segundo, una lectura crítica del mundo y los textos. Por último, el sentido de disciplina que se debe tener para abordar los textos y entenderlos; hacer uso efectivo de las herramientas que nos permiten desentrañar sus “significados” por complejos que estos nos resulten.






















Bibliografía

Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar.

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